Oct 13

Baix Empordá - un paseo por sus pueblos medievales

Baix Empordá

Baix Empordá

Separando las comarcas del Alt y el Baix Empordá -una al norte, la otra al sur-, la sierra del Montgrí se recorta contra el cielo con perfil de paquidermo, color de piedra cansada y olor a tomillo. Por aquí se dice que la sierra es un obispo acostado con los pies en el mar. Lo confirmaría el castillo que luce por anillo.
Cuando canta la tramontana, subir a las almenas del castillo tiene algo de aventura. Si se hace, es mejor dar la espalda al viento, mirar hacia el sur y observar cómo el azote inclemente tonifica y moldea árboles y campos, añadiendo una pizca de genio esencial a esta tierra mesurada desde antiguo.

Ãberos, griegos y romanos levantaron aquí sus murallas y, todavía más importante, plantaron frutales y olivos, roturaron los campos y distribuyeron cultivos. Su sensatez fue tal que, mientras su cultura ha alimentado generación tras generación hasta la explosión turística, dos mil años más tarde su geometría todavía ordena el paisaje.

Pero dejemos el castillo. Al fin y al cabo, nunca llegó a habitarse. Lo plantó el rey Jaime II para vigilar al poderoso conde de Empúries. El conde debió de reírse a carcajadas al ver cómo volaban peones, se esparcían hogueras y los canteros dejaban de trabajar porque se les helaban los dedos.
Mejor, pensaría, se estaba al pie de la sierra, untando ajo en una tostada humeante y sorbiendo vino junto al hogar de su castillo, en Bellcaire. Hoy todavía reconocería las murallas, las torres y sus dependencias, actualmente ocupadas por el Ayuntamiento, aunque le sorprendería ver su sala mayor transformada en iglesia parroquial.

Antaño, él tuvo su capilla, y el pueblo otra en la deliciosa iglesuela románica de Sant Joan.
De sus viejos dominios, el conde quizá reconocería también Ullastret, algo más al sur, levantándose en la llanura con su cinto amurallado. Si buscara el castillo frente a la iglesia románica, lo haría en balde; pero sí vería la lonja gótica, las ventanas renacentistas, los aleros decorados con azulejos…
Cada esquina esconde un regalo para el viajero observador, porque, en tierra tan trabajada, toda piedra siempre es algo más: fue menhir animado por artesanos íberos, ordenado por los romanos y quién sabe si cincelado con cenefas por godos o mozárabes.
Como Ullastret, no hay en la comarca pueblo sin canto labrado, mirador, torre o ermita románica. Aunque, por suerte para los curiosos, la mayoría de la gente se queda en la playa o no pasa de Pals; como mucho, quizá llegue hasta Peratallada.
Pals, muy restaurado, con callejuelas escarpadas y casas doradas, es un pueblo pensado para subir a la cima de la colina y sentarse frente a la iglesia gótica a esperar que salgan los novios. Decía Josep Pla que a quien no ha visto en invierno el diamante del Canigó nevado desde Pals, le falta algo importante. En todo caso, el mirador es excepcional, pues ante él se abren el Montgrí, el ancho arco de la playa y las islas Medes.
Pero dejemos el mar a prudencial distancia para ir tierra adentro hacia Peratallada, a salvo de piratas y corsarios. Por el camino es recomendable detenerse un momento en Sant Juliá de Boada para ver la pequeña iglesia prerrománica con arco de herradura de inspiración mozárabe. Otro alto facultativo es Palau-Sator, para deambular por el pueblo en busca del castillo tras cruzar la muralla bajo la torre de las Horas. Siempre hay una casa recién restaurada y otra que espera comprador. Los que fijan su segunda residencia en estos pueblos izan cual banderas tejidos de punto de cruz en las ventanas y una red en el balcón.
Peratallada es harina de otro costal. Sin los remilgos de Pals, sus calles dispersas y su disposición más llana anulan objetivos, ocultan silencios y desvelan espacios para la imaginación. Se puede seguir la muralla plantada en roca viva, tomar un refresco frente al palacio, perderse por los distintos barrios o cruzar la carretera y acercarse a la iglesia románica de Sant Esteve. Pero que no se duerma el lector. Todavía quedan
pueblos donde posar la vista. En cuanto al viajero, que se lo tome con calma; si se deja algo, mejor que mejor, toda excusa es buena para volver.

Con prisas no puede entenderse el Mediterráneo, ni la parra en la pared, ni los olivos, ni la sombra de una higuera, ese ciprés despeinado junto al campanario dorado de Canapost o la luna temprana. Con tramontana, los perfiles se aceran y el azul del cielo hiere los ojos.

En Vulpellac se puede parar otro rato, sentarse frente a la iglesia y rodear el castillo. Y Cruilles está a dos pasos. Es imposible equivocarse: en el centro se alzan 25 metros de torre -la que fue torre maestra del castillo-, con dos puertas y un árbol en la cima. El pueblo aparece poco maquillado, no se ha buscado la piedra de todas las fachadas, y se agradece. En sus calles se tiende la ropa, se plantan geranios en botes de pintura, se huele a trabajo de campo y la gente se saluda con voz sonora.

Si se llega aquí a última hora de la tarde, en la colina de enfrente se verá una mole oscura contra el sol poniente. Es el ábside de la antigua iglesia románica de Sant Miquel. Con esta visión podría terminar la visita. Pero el conde preferiría descansar en Monells, a un tiro de piedra.
El pueblo también perteneció a su familia, aunque esto no importa. Al viajero le interesan más los ecos que aún resuenan bajo los pórticos. Son voces opacas de disputas, regateos y risas de cuando la feria del pueblo no tenía rival y los granjeros exponían patos y manzanas; los artesanos, cestos y cueros; los pescadores, sardinas; los herbolarios, adormideras para el dolor de muelas, y los juglares, cuentos y saltos.
Escrito por: RAIMON PORTELL

Cómo se llega

Por la C-255, en dirección a La Bisbal.

Dónde alojarse

En la costa existe amplia oferta hotelera. En el interior hay pequeños hoteles de lujo y buenos alojamientos rurales.

Visitas

En Ullastret, Museu d’Arqueologia de Catalunya. Se visita conjuntamente con el yacimiento del poblado ibérico, donde está situado.
Abierto de la 14 h y de 15 a 18 h;
lunes, cerrado.

Entrada: 1.80 euros

Tel. 972 17 90 58. Museu del Montgrí i del Baix Ter. Dedicado a la naturaleza y la historia de la zona de Torroella.

Gastronomía

Montes, mar y huertas dan una gran riqueza de productos y, por tanto, de recetas. Sabrosos pescados y arroces; mezclas de mar y montaña, como el pollo con cigalas, y de dulce y salado, como la oca con peras y la butifarra dulce con manzanas. En época de cuaresma, hay que probar los mejores buñuelos del Empordá.

Actividades

La Fundació Josep
Pla (Tel. 972 30 55 77) propone, previa cita, un itinerario a través de los relatos y la vida del escritor ampurdanés. Para volar en ultraligero por ta zona, hay dos campos: cerca de L’Estartit
y en la carretera que va de Pals a Torroella (Tel. 972 17 90 90).

Más información Consell Comarcal, del Baix Empordá. Tel. 972 64 23 lo. En Internet: bemporda.ddgi.es/

Fuente: VIAJES NATIONAL GEOGRAFIC

Situado en: Girona

Click Aquí para ver el mapa del lugar

Aquí tiene las coordenadas GPS * para llegar a Baix Empordá.

Las coordenadas GPS para la mayoría de dispositivos GPS
Latitud: 41.945
Longitud: 3.06
DD Decimal Degree (Grados Decimales)
Latitud: 41.945   Longitud: 3.06
DMS Degree Minute Second (Grados Minutos Segundos)
Latitud: N41 56 42  Longitud: E3 03 36
GPS - Latitud: N 41 56.700   Longitud: E 3 03.600
UMT - X: 31N504973    Y: 4643671

* GPS - El Global Positioning System (GPS) o Sistema de Posicionamiento Global (más conocido con las siglas GPS aunque su nombre correcto es NAVSTAR-GPS) es un Sistema Global de Navegación por Satélite (GNSS) el cual permite determinar en todo el mundo la posición de un objeto, una persona, un vehículo o una nave, con una precisión hasta de centímetros usando GPS diferencial, aunque lo habitual son unos pocos metros.

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