Aveces la naturaleza tiene ocurrencias de niño caprichoso. Sólo de esta manera se explica su genialidad de construir una gigantesca piscina salada de 170 kilómetros cuadrados en la que el sol brilla casi tanto como la ausencia de oleaje. Así es el Mar Menor, el paraje más singular de la costa mediterránea española.
Para muchos, el Mar Menor es sólo el brazo de agua que envuelve a La Manga, esa cinta de ladrillo y hormigón que la expansión turística levantó sobre un mar de dunas de arena. Pero para quienes lo llevamos en la memoria de nuestra infancia, el Mar Menor no existe como tal. Si acaso, hay muchos “marmenores”,
una miríada de universos que dan forma al que todos vemos. Hay un Mar Menor por cada estación del año, otro por cada día, uno casi por cada hora. Primero, el de las tardes de otoño, pleno, dorado, de crepúsculos
almagres vestidos de silencios. Luego, el de primavera, luminoso y salino, azul por los cuatro costados. Y está, por supuesto, el de las soporíferas tardes de verano, un telón plateado que funde la mar llana con el horizonte y un cielo cegador que sume la laguna en el letargo.
Más de 32 hectáreas de flores y miles de especies esperan la primavera para deslumbrar al visitante. Parecía que la flor que asociábamos con Holanda eran los tulipanes, que es de hecho el símbolo del país. Sin embargo, desde que Keukenhof abrió sus puertas, la flora holandesa se ha disparado. Y es que es el parque floral más grande del mundo, con 32 hectáreas de tulipanes, lirios, orquídeas, azaleas, begonias, rosas y cualquier otra florecilla imaginable.
Es una zona situada en los límites de Atenas, actualmente se pueden visitar tumbas y arte funerario, caminos sagrados, etc.. Las murallas son un espacio importante, rodearon toda la ciudad y fueron construídas hacia el año 500 a.C. Allí podrá ver un gran toro de mármol que es el vigía de la tumba de Dionisos o el Santuario de los tritopatores, o la Tumba de los Guerreros.
La Torre Eiffel es sin duda una de las maravillas del mundo moderno, y el símbolo más representativo de Paris, la ciudad más visitada del mundo y una de las más bellas del planeta. En efecto, resulta muy difícil, si no imposible, imaginarse Paris sin la Torre Eiffel, o la Torre Eiffel sin Paris para ser contemplado desde lo alto de la misma.


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