Aveces la naturaleza tiene ocurrencias de niño caprichoso. Sólo de esta manera se explica su genialidad de construir una gigantesca piscina salada de 170 kilómetros cuadrados en la que el sol brilla casi tanto como la ausencia de oleaje. Asà es el Mar Menor, el paraje más singular de la costa mediterránea española.
Para muchos, el Mar Menor es sólo el brazo de agua que envuelve a La Manga, esa cinta de ladrillo y hormigón que la expansión turÃstica levantó sobre un mar de dunas de arena. Pero para quienes lo llevamos en la memoria de nuestra infancia, el Mar Menor no existe como tal. Si acaso, hay muchos “marmenores”,
una mirÃada de universos que dan forma al que todos vemos. Hay un Mar Menor por cada estación del año, otro por cada dÃa, uno casi por cada hora. Primero, el de las tardes de otoño, pleno, dorado, de crepúsculos
almagres vestidos de silencios. Luego, el de primavera, luminoso y salino, azul por los cuatro costados. Y está, por supuesto, el de las soporÃferas tardes de verano, un telón plateado que funde la mar llana con el horizonte y un cielo cegador que sume la laguna en el letargo.
Ene 14
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